Por Manuel Bermejo
DIRECTOR DE PROGRAMAS PARA LA ALTA DIRECCIÓN DE IE BUSINESS SCHOOL
La ciudad de Medellín vivió durante largos años, como pocos lugares en el mundo, el azote de la violencia y el narcotráfico. Eso le llevó a ser universalmente conocida por liderar los índices de criminalidad en el mundo. Basta leer libros como “La virgen de los sicarios” (Fernando Vallejo, 1.994) para entender en toda su crudeza como era la vida en la capital de Antioquia. Afortunadamente las cosas han cambiado mucho desde que el líder del cartel de Medellín, Pablo Escobar, fue abatido por un destacamento militar que llevaba meses persiguiéndolo el 2 de Diciembre de 1.993 en un techo de una casa del barrio de Los Olivos, apenas acompañado por un solo escolta apodado “El limón”. No conviene olvidar tampoco la doble imagen de este icono del crimen, considerado por algunos una especie de Robin Hood del siglo XX y a quien miles de personas acompañaron en su entierro en Envigado como cantan los Tigres del Norte en uno de sus más conocidos narcocorridos. Olvidan que el dinero que podía repartir entre los pobres tenía la peor de las procedencias. Y con esto no debemos jugar.
En uno de mis últimos viajes a Medellín, volando desde Bogotá, mi compañero de asiento en el avión entabló conversación, como suele ser habitual dada la tradicional gentileza de los colombianos. Cuando le pregunté a qué se dedicaba me dijo que era empresario. En mi larga experiencia viajando por Colombia, la probabilidad de que tu vecino de avión, si es de Medellín, sea empresario se acerca al 100%. Así que le pregunté a mi ocasional vecino: Oye, ¿Por qué en Medellín sois todos empresarios? Me contestó: muy fácil, porque el sueño de muchos niños de mi ciudad es tener su propio negocio. ¡Qué envidia! Pensé, para quien viene de la avanzada España, pero lee con estupor cómo los universitarios de nuestro país quieren ser funcionarios o trabajadores de cualquier caja de ahorros (dicho con el mayor respeto a funcionarios y trabajadores de cajas de ahorros).
Seguramente la respuesta rápida y precisa de aquel emprendedor “paisa” (gentilicio de los habitantes de Antioquia) explica el extraordinario dinamismo empresarial de la región. En Medellín y sus alrededores se encuentran muchas de las más prósperas empresas de Colombia, muchas de ellas líderes regionales. Pero, más allá de eso, explica que en Medellín uno perciba una sociedad con valores. Valores que hicieron que el empresario antioqueño se opusiera a la terrible lacra del narcoterrorismo y, aunque eso les costara a casi todos contar con dramas terribles en sus familias, ha permitido revertir la situación de una ciudad abocada a lo peor. Y valores que hoy permiten encontrar allí ejemplos de responsabilidad social corporativa verdaderamente impactantes. Las cosas buenas que tienen las sociedades altamente emprendedoras.



Ojalá en España inculcáramos a los niños desde pequeños las ganas de ser empresarios. En nuestro país la mayoria hemos sido educados y educamos a nuestros hijos para que puedan trabajar en una gran corporación. Una modelo que es un espejismo de seguridad y mucho mas ahora. Yo creo básicamente que es por que nuestra sociedad, la española en concreto, esta muy influida por el miedo, y emprender, una de las cosas que tiene es que no viene con el éxito asegurado. Aprender a fracasar, a no tener miedo, a no aceptar que las cosas ya estan hechas y que hay sitio para nuevas ideas. A que nunca pasa nada, o que siempre pasa todo.
Publicado por: David Cantolla | 25/11/08 en 11:42